Una de las cuestiones que siempre me han preocupado es el punto de vista desde el cual se toman las decisiones. Sean a nivel personal como a nivel colectivo. Sean entre individuos o entre naciones.
Otra cuestión importante son las formas en las que se expresan estos puntos de vista. La manera en la que, una vez pensadas, se llevan adelante las decisiones.
Estoy completamente de acuerdo con el hecho de que la realidad o el orden internacional han cambiado. Y este cambio no se ha producido precisamente desde abajo. O no ha sido únicamente desde abajo. Todos sabemos que un rayo, aunque "cae" necesita de un "anclaje" a tierra para poder precipitarse. El cambio internacional se ha producido porque una gran parte del mundo ha dicho basta a un modelo materialista que lo ha invadido todo, a un modelo corrupto, vil, pendenciero y explotador.
Lo que antes sufrían países del antiguamente llamado "tercer mundo" lo sufren ahora (claro que una medida ni siquiera comparable) aquellos estados desde los cuales se llevado a cabo un modelo que ha machado cual martillo pilón.
Esta caída en desgracia de los países más poderosos del mundo ha venido acompañada de una transformación económica, ecológica, social y filosófica o espiritual según uno quiera llamarle. Ya no hay lugar para que individuos como ex presidentes, inversores, gurús de la economía y otras artes, iluminados y profetas del miedo se paseen y campen a sus anchas por este planeta. Hemos llegado colectivamente a una encrucijada.
En esa encrucijada de la que no se sale sino tomando una decisión, haciendo una elección y eligiendo un camino; es en donde se encuentra el momento para pensar el punto de vista que queremos adoptar y la forma que queremos darle a ese futuro, a esa decisión y al camino que hemos de construir.
En muchos países de este mundo y durante muchísimos años se han paseado clases elitistas, asociadas al poder, al terror, al populismo explotador, vendidas a inversores ocultos algunos y otros no tanto, mientras con una bandera, una falsa promesa, un colchón, una bolsa de comida y el sueño de un futuro mejor, se explotaban y se quemaban generaciones de talento y esperanza. Y esto ha ocurrido en todo el mundo, de norte a sur, de este a oeste.
Durante muchos años esta clase dirigente se ha distinguido por una verborragia fácil y una filosofía mentirosa, vacía y superficial. No importa el país del que hablemos. Ha sido un denominador común lo repito. No importa el color o el nombre del partido o la empresa de turno.
Y así como el mundo esta cambiando. Así mismo muchos demos cambiar. Es el momento. Es el tiempo de aprender de los errores pasados. De quitarnos la venda de los ojos. De darnos cuenta que estamos ante la encrucijada. Y que la decisión que tomemos va a afectar durante muchas décadas a todo el mundo.
Por eso ya no valen los discursos populistas. Por eso ya no es momento de tomar las decisiones como se han tomado siempre desde los países dominadores del mundo. A golpe de puñetazos en la mesa. Todos sabemos que no por levantar la voz se tiene razón. Que no por elevar el puño se legitiman los derechos. No son estas las formas. Y cuando se hace esto se pierde la legitimidad moral, hoy en dia tan relativizada en todas partes. Más en los países poderosos donde no se encuentra el camino ni el rumbo a una realidad que les excede social, fiosófica y espiritualmente. Países perdidos en el vacío de un referente de futuro porque ese referente estaba asentado en la economía, en lo material, en el puñetazo, la discriminación y la ilusoria superioridad moral.
Hoy más que nunca el resto del mundo tiene derecho a defender lo que históricamente le ha sido arrebatado. Pero debemos defenderlo desde el derecho. Debemos defenderlo en conjunto. Primero quitando de en medio a toda esos años de explotación que no ha hecho otra cosa que sumir en la pobreza a millones de personas. Y por otro, pensando que la manera de defender esos derechos, no es copiando las formas de aquellos que se piensan dueños del mundo.
Debemos mirar el punto de vista desde donde tomamos nuestras decisiones. Debemos darle la forma que la historia nos ha enseñado que es la mejor. Debemos mirar nuestra historia y aprender de ella. No es una lucha contra el mundo. Es la voz que dice que es nuestro momento. El momento de hacer oír la voz. Seguimos siendo fuente de esperanza. En muchos sentidos. Es el momento de demostrar toda nuestra riqueza. Pero no de imponerla como han hecho otros hasta ahora, sino de ofrecerla al mundo. No para perderla. Para compartirla. No para regalarla, sino para ofrecer una alternativa a los otros que no han sabido hacer a lo largo de su historia reciente. Han tenido su momento. Y su momento ha pasado.
Es nuestro momento. Es la hora de la esperanza. Es la hora de mirarnos. De cambiar. De evolucionar. Es la hora de crecer. Es el momento de elegir lo que queremos ser como individuos, como colectivo.... Estamos de pie en la encrucijada y es hora de decidir.